Mi Experiencia Google Off Line

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Qué bueno el marketing “on line”, pero si su negocio se queda en la esfera de lo virtual, probablemente el mercado y sus clientes lo dejen fuera de línea.

«Vivir una experiencia Google en línea para los cibernautas es algo de todos los días».

Lo utilizamos como buscador en Internet, con la versión Chrome, como explorador, Google, con Gmail, leemos nuestros e-mails y chateamos, con Google Fotos, administramos y editamos de forma práctica fotografías y creamos álbumes digitales. Con Youtube, podemos ver y gestionar contenido de vídeos, incluso tenemos la opción de crear nuestro propio canal para “subir” producciones y agregar favoritos, todo esto y más implica estar en línea.

La compañía más emblemática de la tecnología nos aporta también Google Docs, como solución de oficina, un paquete que sin comprar licencias de software y sin ocupar espacio en nuestros equipos, permite tener programas para texto, hojas de cálculo, presentaciones y archivos en formato pdf, todo lo anterior con el concepto de trabajo colaborativo, donde además de compartir los documentos propios se puede permitir a colaboradores el acceso a ellos, solo con estar en línea.

Estas son las soluciones más comunes que utilizamos a diario del Mundo Google en línea.

Hoy quiero compartir con ustedes la experiencia Google “off line” (fuera de línea), es decir, la real, la de carne y hueso, la que para mí mercadológicamente es la que más cuenta, la que genera verdaderas experiencias y emociones de una marca con su target.

Les comparto de Mi Experiencia Google Fuera de Línea

Todo comenzó con un mensaje de Francisco, uno de los directivos de mercadeo de Google en Colombia, quien me invitó a un evento de su empresa dirigido a las Pymes, me dejó los números de su teléfono fijo y celular para confirmar mi asistencia, en un memo, tal cual recomendación de Francisco, que me entregó mi recepcionista, estaba toda la información al respecto. Ella afirmó: “esto es lo que me dijeron que anotara”, me pareció curiosa la frase y continué para mi oficina.

Como siempre lo hago, saqué de hibernar mi computador y en Gmail observé mis últimos correos, de estos me llamó la atención el de Google, pues me habían acabado de llamar. Sin pensar nada más, ni siquiera los pendientes para el jefe, casi de forma automática procedí a abrirlo.

La invitación tenía un lenguaje claro, preciso y con un llamado a la acción: “confirme su asistencia”. Sin darme cuenta dí “click” y rápidamente se abrió un formulario de Google Docs para proceder. Debido a que la mejor memoria de hoy en día es la llamada “e-papel”, registré el evento en mi agenda digital y emprendí mis labores diarias.

A pesar de todo lo anterior, con el pasar de los días había olvidado el compromiso, pero de nuevo me llegó un e-mail recordándomelo. Lo agradecí, pues ya no lo tenía presente y me percaté que aún faltaba una semana.

Pasaron los días y en la fecha correspondiente mi agenda digital hizo también su trabajo y me puso en función del evento Google. No valió norma de pico y placa para impedirme acudir.

Puntualmente llegué al lugar acordado. Todo estaba en orden, el Staff de registro muy atento y dispuesto, con tres personas para agilizar el registro. Nos saludamos, dí mi nombre, un “click” y mi escarapela salió velozmente de la impresora láser…” Aquí está su credencial, bienvenido”, me dijeron. Como estaba algo temprano busqué una estación de café, con un “por favor” pedí un tinto, el que iba a ser mi segundo café del día. Sin embargo, me lo negaron con una cortesía desmedida. En ese momento pensé, como lo haría cualquiera en una circunstancia de estas: “huy, los de Google tan tacaños… ni un tintico”.

Me quedé un poquito desconcertado, esperé el inicio del evento. Me dije a mi mismo que ya estaba allí y no podía dejar a los anfitriones en mitad del camino. Luego de tropezarme con un pendón real con la imagen de la marca, no un banner digital o buscadores de Google de esos que uno se encuentra hasta en la sopa en la web, recibí un nuevo saludo y una bienvenida.

En un instante todo cambió, estaba entrando al mundo real “off line” (fuera de línea) de Google. Me sonrojé al ver un salón como para 35 personas, bien organizado y preparado para una charla con desayuno de primera línea, mi mala experiencia inicial del »tintico» negado, pasó a ser de total complacencia y satisfacción, concluí: “los de Google no son para nada tacaños”.

A los pocos minutos el lugar estaba lleno. Se notó que la estrategia de convocatoria había sido un éxito. Cuando todo estuvo listo, ingresaron dos directivos de la compañía que llamaron la atención de los asistentes por lo descomplicado de su vestuario. Lucían jeans, camiseta blanca con el logo de Google y un casco de ciclista en la mano. “Curiosa forma de vestir” me dije, “para dar una charla sobre la actualidad del mundo web”.

Luego de que los altos ejecutivos se presentaron nos contaron a todos los invitados que ese día en todo el mundo, Google celebraba el día del no carro, por lo cual, todos los empleados de esa empresa se desplazaron a sus lugares de trabajo, en medios alternativos de transporte, principalmente en bicicleta.

Nos estaban haciendo partícipes de una política ambiental ejemplar en estos momentos en que el planeta está saturado de contaminación, pero lo más importante de todo el suceso fue la forma como habían decidido compartir esa cultura Google con todos los invitados, que, como nosotros, acudieron a una cita similar en las miles de oficinas de la multinacional en todo el planeta. Lo mejor es que lo hicieron en vivo y en directo porque definitivamente no todo puede vivirse y hacerse on-line (en línea).

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